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LOS PUNTOS DE LA MARIQUITA

“LGBT.S.A. DE C.V.”

 

Por: Alfonso Macías

El “Lilo", es un movimiento que sobrevivó a la eutanasia, como una especie de criatura zombie creada por el Dr. Frankenstein, hecha con pegotes tomados de todas partes, y alimentado con mucha sangre, mucho sudor, mucha ambición y poco cerebro.

 

Ha sido un movimiento desgastante, con un gran costo en relación al poco beneficio que ha generado.

 

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

Sí, es cierto que ha habido logros; es cierto que en México (casi exclusivamente la Ciudad de México) han cambiado las cosas de los años setenta u ochenta para acá, pero también es cierto que ese avance no vino sólo del Movimiento mexicano: también han influido las políticas internacionales de Derechos Humanos y las propias políticas empresariales de inclusión, que a final del día, les facilitan una reducción de impuestos.

 

Lo que vemos ahora en los llamados “Pride”, no son sino escenografías y oropeles: el poco trabajo básico en las comunidades, sólo se ha hecho con tintes políticos y electoreros, sin que hayan sido reconocidos, respetados o siquiera mencionados, los incipientes movimientos y grupos que auténticamente han surgido desde ahí, y hablo especialmente de los estados.

 

 "FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

Lo que hoy tenemos, parece más un movimiento de cacicazgos, de personas y grupos que se benefician a partir de abanderarse con brillantes colores, pero con un trabajo gris y, en casos, negras intenciones.

 

El activismo se hace en las calles, en las bases, en las periferias y en el interior, con la gente que tiene necesidades; ese ha sido el gran Talón de Aquiles del movimiento: terminó centrado en la clase media zonarrosera, y se olvidó del resto: un movimiento más ocupado en el bienestar de las personas cercanas y afines, que en la comunidad. Un movimiento que tuvo que esperar a que los cambios, llegaran del norte, hablando inglés, y con marca registrada.

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS" 

 

Aunque se empeñen en decirlo, no existe tal cosa como un activismo empresarial.

 

Para muchos, el “respeto”, no es otra cosa que la puerta de acceso a los bolsillos de la Diversidad Sexual: ahora resulta que el caldo de pollo, la tarjeta del banco, el servicio de celular y los seguros de vida, son más arcoiris, que el arcoiris mismo; que son empresas que nos apoyan y nos defienden... Ja ja ja…

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS" 

 

Culpamos a las empresas de ser invasivas en las marchas, y de apropiarse de ellas, pero seamos francos: si fuéramos esos grandes empresarios, seguramente no desperdiciaríamos de ninguna manera, la posibilidad de publicitar nuestra firma en una fiesta como esta; de hacernos visibles en este mercado, de asegurar nuestro posicionamiento como marca ante una comunidad que emerge como un grupo de enorme poder económico, porque en algún momento, esa fue “la gran consigna”: tengo, por lo tanto soy (“mismos impuestos, mismos derechos”).

 

Quisiera ver a esas empresas que se presumen de inclusivas, defendiendo los Derechos de las personas, enviando contingentes, no sólo a echarse porras a sí mismas en el carnaval lgbt, sino a apoyar las propuestas de ley en la Cámara de Diputados o Sendores cuando éstas son discutidas o votadas…

 

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

No, eso no ocurrirá, y menos cuando esas mismas comparsas de porristas mal amaestrados, en su afán de checar tarjeta y salir temprano ese día, pasan -literalmente- por encima de los contingentes de auténtica demanda y protesta.

 

“Revoltosos”, nos dijeron. ¡Claro que somos revoltosos! ¡Este movimiento empezó como una revuelta!

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

“Somos eitientí...”, gritaban. “Dame una dobleú, dame una a...” decían.

 

A mí qué me importa quiénes sean; a mí qué me importa qué letras compongan sus marcas.

 

 "FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

Vienen a lucirse a un lugar donde no tienen cabida, a apropiarse de una lucha que no es suya, a pisotear el trabajo de cientos o miles de personas, y su memoria, y su dignidad, y de paso, la nuestra.

 

Pero habrá que aclarar que todo esto, tiene una historia y muchas razones: lo que comenzó como el Movimiento de Liberación Homosexual, allá a finales de los setenta en México, era un movimiento esencialmente de izquierda: una fracción de la izquierda muy liberal y contestataria que hacía de la sexualidad, su discurso disidente: varios grupos con grandes diferencias ideológicas y metodológicas, pero con una ruta en común.

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

Lamentablemente, un día apareció el bicho del SIDA, y toda la labor de los grupos, se encausó a hacer lo que se pudiera, ante una pandemia que en su momento, no tenía nombre, ni había interés por parte de ninguna utoridad por contenerla.

 

Ese fue, tal vez, el más importante quiebre del Movimiento de Liberación (después, “movimiento lésbico-gay”). Por años, estuvo casi acéfalo; ahí comenzó a perderse el rumbo y hoy vemos el resultado.

 

 

"FOTOGRAFÍA: ALFONSO MACÍAS"

 

El sistema, todo lo devora; no necesita decirlo Foucault (aunque hace bien en ponerlo en palabras): se ve en la cotidianidad, y si no creamos una nueva estrategia, este mismo sistema terminará por incorporar las otredades a sus normas, y las disidencias sexuales regresarán a la oscuridad.

 

Ya nos quitaron una marcha. La Marca del Orgullo LGBTTTIQA, ha quedado registrada como marca “Pride”.

 

Ahora nos toca hacer, inventar, crear, para recuperar el movimiento, o de plano diseñar otro, todo para no perder nuestros (pocos y a veces absurdos) derechos ganados, pero sobre todo, para no perder nuestra irrenunciable dignidad.

 

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