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HORAS DEFINITIVAS

Defender nuestra normalidad

 

Por Pablo Méndez

Es tal la descomposición del escenario político del país, que la normalidad que conocemos en el Estado de San Luis Potosí se convierte en algo realmente para defender.

 

Me explico. El país se encuentra convulsionado política e informativamente hablando, ante un Presidente de México Andrés Manuel López Obrador que, luego de 19 meses, no atina a gobernar.

 

Antes de la pandemia, las decisiones de López Obrador en material económica y social nos llevaron a una pérdida de empleos e inversiones, así como a la cancelación de programas de salud y apoyo social, vitales para millones de mexicanos.

 

Por si esto no fuera suficiente, ya dentro del caos generado por la pandemia, López Obrador hizo un recorte del 75 por ciento al gasto del gobierno federal y tomó la decisión de no aplicar ningún rescate a la economía del país.

 

Ahora podemos asegurar que el tabasqueño nunca tuvo un plan de gobierno, no sabía como se conduce un gobierno y ni siquiera tenía la intención de mantener a flote su administración.

 

La idea que teníamos de un López Obrador, de colmillo retorcido, que nos sorprendería de un momento a otro con jugadas magistrales de política, acabó en un personaje con un discurso sin pies ni cabeza, que diariamente nos receta balbuceos sin sentido, irreconocibles.

 

Un botón de muestra. El subsecretario López Gatell informa que México es el tercer país con más casos y muertes en el mundo a causa del Covid. Los periódicos publican la nota. Al otro día López Obrador acusa a los medios de comunicación de mentirosos y alarmistas. Desmiente la información de su propio gobierno. Que alguien me explique, como diría el clásico.

 

Aquí es donde vale la comparación con lo que ocurre en el Estado de San Luis Potosí. Con todos sus defectos, el gobernador Juan Manuel Carreras y el alcalde de la capital Xavier Nava muy lejos están de gobernar a un nivel de López Obrador.

 

Salvo excepciones, los gobiernos estatal y municipal de San Luis funcionan normalmente. No cancelan inversiones, las atraen; no se pelean con los empresarios, trabajan con ellos; licitan la mayoría de las compras del gobierno; no mienten, o al menos no de la forma escandalosa como lo hace López Obrador; se hacen acuerdos con la oposición, en este caso los diputados de Morena y Acción Nacional; trabajan para enfrentar la pandemia del Covid y sus efectos, con el presupuesto a su alcance. En suma, se gobierna de manera normal.

 

La pregunta es, hipotética desde luego, pero válida ante la realidad que vivimos, ¿si López Obrador pudiera gobernar el Estado de San Luis Potosí, a quién preferirían los potosinos, al tabasqueño o a Juan Manuel Carreras?. Solo hay que imaginarlo.