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HORAS DEFINITIVAS

¿Qué sigue?. La demencia

 

Por Pablo Méndez

Cuando buscas hacer cambios extraordinarios en algo, como tu vida, trabajo, salud, estudios o un proyecto, necesitas planear y organizar su ejecución. Si no lo haces, corres el riesgo de generar un caos, no cumplir tus metas y caer en desesperación y frustración.

 

Cuando buscas hacer cambios extraordinarios en algo, como tu vida, trabajo, salud, estudios o un proyecto, necesitas planear y organizar su ejecución. Si no lo haces, corres el riesgo de generar un caos, no cumplir tus metas y caer en desesperación y frustración.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador, luego de casi dos años de gobierno, demostró que tal vez tenía algunas ideas de lo que busca, pero no un plan de gestión para ejecutarlas, mucho menos un pan “B” para enfrentar contingencias ante eventuales fracasos.

 

Los analistas políticos han dedicado muchísimas horas en revisar causas y efectos de las decisiones del presidente. Intentan hacerlo desde una óptica razonable y de sentido común. Casi todos los análisis, sin embargo, llegan a la conclusión de que las decisiones de López son un sin sentido.

 

¿Acaso el presidente es un político superdotado que hace cosas que los simples mortales no comprendemos?. ¿Al paso del tiempo nos sorprenderá con algo genial?.

 

Sin embargo, pasa el tiempo y lo que nos muestran los resultados es que el presidente López Obrador efectivamente no tenía un proyecto para ejecutar sus ideas, no organizó nada, no planeó nada. No hizo la mínima tarea.

 

Ante la falta de un plan de organización, lo que ahora tenemos, en casi todos los asuntos de la administración pública, es un desorden descomunal. Ante la ausencia de planeación, las oficinas de dependencias federales están paralizadas. Es del dominio público que no tienen instrucciones precisas para desarrollar su trabajo, sobre todo ante el temor de equivocarse o, a la espera de que en una mañanera se defina un rumbo de algo.

 

En el timón de este gran barco que es México, un país con 126 millones de habitantes, que es la economía 15 del mundo, tenemos a un hombre que no dimensiona el tamaño de su responsabilidad.

 

Como consecuencia de no planear, organizar y ejecutar, lo que ahora tenemos son omisiones y errores graves. Y entonces López Obrador llega a la frustración, y ahora busca ideas, no para resolver lo que dejó de hacer o hizo mal, sino para recuperar la confianza que ha ido perdiendo de millones de mexicanos.

 

Ya en el terreno de la desesperación, insiste en el garlito del avión presidencial y la propuesta de una consulta para enjuiciar a expresidentes, no obstante que esto último tendría un costo multimillonario para las arcas públicas. ¿Qué sigue?, la demencia.