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CAMINANTE

ENTRE CHAIROS Y “FIFÍS”, QUE PRENSA TIENE CREDIBILIDAD

 

Como ocurrió a los partidos políticos, el periodismo se desliza hacia falta de confianza del ciudadano.

 

Por: Toño Martínez

Asfixiado entre el bombardeo de noticias que escurre segundo a segundo todos los días vía Internet y redes sociales, el ciudadano interesado en conocer los sucesos y movimientos políticos y sociales que sacuden a cada región y el Mundo, está cada vez confundido porque irónicamente con tanta y variada información termina desinformado.

 

No solo eso sino que los medios tradicionales no están sabiendo reaccionar al desplazamiento de las tecnologías digitales de la información, y recurren a noticias infladas, sensacionalistas “descubriendo” por todos lados conspiraciones contra el pueblo que, salvo honrosas excepciones, caen por su propio peso.

 

Y pierden la confianza del lector o radio escucha y televidente.

 

En esta vorágine de mutaciones en materia de comunicación hay dos cosas vitales a analizar: ¿Desparecerá la prensa escrita, aquella que a lo largo de la historia jugó un papel preponderante en los grandes movimientos sociales que transformaron regímenes políticos, derribaron tiranías y que ha sido un muro de contención a las ambiciones perversas y desviaciones de gobernantes corruptos y poderes económicos? y, segundo, los periodistas, el reportero, serán capaces de adaptarse a los desafíos de la revolución digital para mantener su oficio comprometido con valores como la verdad, libertad de expresión y la información pura y genuina, sin cortes ni censuras?

 

Por encima de los grandes retos que impone a la prensa tradicional, sea escrita, radiofónica o audiovisual la digitalización, y que ha llevado al cierre de 1,500 diarios y semanario en Estados Unidos, 400 en España y docenas en México en especial de medios independientes, el periodista de vocación nunca dejará de existir. Es un componente fundamental de toda sociedad libre.

 

Revisemos el caso desde la perspectiva regional y local: Cuantos reporteros o periodistas entendemos que nuestro papel va más allá de ser llena espacios en periódicos, radio o televisión, que periodismo implica compromisos, severidad de juicios pero también sustentación, vinculación positiva entre Gobierno y pueblo.

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador inauguró el uso de calificativos a la prensa dividiéndola entre “fifis” y “chairos”.

 

Para AMLO y su equipo, “fifi” es la prensa conservadora, de tinte derechista, cómplice y aliada de gobiernos para tapar sus abusos y corruptelas por dinero o intereses diversos; y vaya que de esa prensa, de esos periodistas con pena y todo pero abundan.

 

La otra, la de los “chairos” es aquella de tendencia izquierdista, que va contra lo establecido y defiende causas sociales y políticas que vayan contra el sistema, aunque muchas veces sin rumbo ni sustento.

 

En cual de esos adjetivos encajamos los medios y periodistas potosinos, ¿los huastecos?.

 

Tenemos en el escenario regional desde el periodista soberbio, el perdonavidas, el que se esgrime como dueño de la verdad aunque no tenga soporte a sus datos; esta, y muy pocos por cierto, el de investigación tenaz y seria, con oficio crítico de peso y que no se amilana ante el riesgo de denunciar los abusos del poder ejecutivo, legislativo y judicial. Pudieran estar dentro de los no tan “fifis”

 

Luego viene el reportero que busca sobrevivir del “moche” sujetando la noticia a sus intereses personales aunque, a manera de aligerar sus culpas podemos decir que son orillados por los bajos sueldos que perciben, aunque claro, la ética antes que nada.

 

Luego tenemos el periodista pretensioso pero inútil, aquel jactancioso vacío, que todo lo sabe y alardea de relaciones de alta alcurnia, que para censurar utiliza lenguaje procaz para referirse al funcionario, líder o gobernante pero que por ese alaraqueo termina en el triste papel de bufón.

 

El mediocre, que se vive vanagloriando a sí mismo para causar burlas, lisonjero con el poder político, pero que solo causa y el clásico fuchi del publico.

 

Y después el frustrado, el que solo percibe las cosas negativas y es incapaz de reconocer lo positivo, el que está peleado con todo y contra todos obnubilando, lleno de complejos que vacía en su labor.

 

En la Huasteca, es también necesario reconocer, está surgiendo una generación de reporteros con ansiedad de superarse, de hacer periodismo constructivo, de servicio, auténtico aunque con un ejercicio a medias obligado a seguir líneas editoriales.

 

Pero ahí está, buscando su lugar en el concierto del servicio informativo.

 

No olvidemos que el periodismo tradicional informa, las redes sociales desreguladas aun, dan el tip, son oportunas pero carecen de color en sus comentarios, no tienen el dato preciso que el público desea conocer y son más proclives a denostar y destruir reputaciones que a comunicar sucesos.

 

Los medios digitales - no todos claro- ganan terreno cada día, son prensa con noticia explicita, opinión, tienen amplia penetración, mayor libertad de movilidad pero reclaman para ello de reporteros y periodistas con alto grado de responsabilidad.

 

Entonces la reflexión es: ni “fifís” ni “chairos”, seamos solamente periodistas sirviendo a la verdad llana y lisa; difícil pero se puede.