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EL NIDO DE LA IGUANA PERTURBADA

“LA MAGIA DEL BORDADO OTOMÍ”, UNA MUESTRA MUY DIGNA DE TALENTO DE ROSA IMELDA RAMÍREZ

 

Por José Arturo González Guerrero

Hace cinco años mi amiga Rosa Imelda Ramírez, amiga desde hace casi tres décadas, me compartió su interés por estudiar la licenciatura en artes plásticas, y tengo que reconocer que me sorprendió su ambición de profesionalizarse en un quehacer en el que ya tenía mucha experiencia y conocimientos.

 

Recuerdo que me contagió de su entusiasmo y le acompañé en algunos trámites y celebramos que ya había presentado el examen de admisión y que seguramente lo aprobaría, así fue, pero la dirección de la escuela le hizo saber que ya era demasiado “vieja” para ocupar un espacio que podría aprovechar alguien más joven, alguien con “futuro”.

 

El edadismo es otra forma de discriminación, un prejuicio muy común, recuerdo que cuando al tío Paco debían ponerle un marcapasos, el joven cardiólogo comentó: “Bueno, pero recuerden que don Paco ya tiene 83 años” y lo que trataba de decir era “¿Pues ya para qué? Ya es un viejo que no tarda en morir”.

 

Felizmente Rosa Imelda logró su propósito y se inscribió en la Escuela de Artes Plásticas del Estado, cursó y aprobó todas las materias, elaboró su tesis, pintó las 20 obras que le exige el reglamento para su exposición individual de titulación, y hoy presenta su examen ante los sinodales.

 

 

 

Mañana se inaugura su exposición para la que cumplí gustoso con un compromiso que hicimos hace años, escribir su “texto de galería”, una semblanza de ella y la obra que expondrá.

 

Sin embargo no será usado mi texto y en su lugar se mandó imprimir otro que si se ajusta a los “cánones” deseados, ¡Aaaaahhhh duro golpe a mi ego!

 

Así que lo colgaré en un muro de El Nido de la Iguana Perturbada invitándoles a asistir a ver esta magnífica muestra de técnica y talento de una artista que se atrevió a desafiar el edadismo institucional, y que hoy nos entrega un aporte importante a la comprensión de los textiles otomíes.

 

“La Magia del bordado Otomí”, 20 óleos de Rosa Imelda Ramírez, se exhibe a partir de mañana 22 de febrero (y hasta el 22 de marzo) en el Centro Cultural Mariano Jiménez a las 19:00 horas, calle 5 de Mayo 610, Zona Centro.

 

 

Aquí mi texto de galería:

 

Rosa Imelda Ramírez, tamaulipeca, nació bajo el signo de Aries en el año en que murió Pedro Infante.

 

La octava de diez hermanos, la única con el don de trasladar la realidad al papel, al lienzo y a la arcilla, gracias a la tutela de su hermano Homero puso su talento al servicio de las sonrisas tristes esculpiendo premolares, molares, caninos e incisivos en un taller de prótesis.

 

Esa fue su primera parada en el trayecto que ha recorrido a lo largo de cuatro décadas, su siguiente estación fue la de retratista, en carboncillo, acrílico y óleo cientos de rostros de amigos, amigos de amigos, familiares vivos y difuntos fueron enmarcados con la firma Ramírez.

 

 

Otro ejercicio que le apasionó por mucho tiempo fue hacer réplicas de obras realistas que capturaban la cotidianidad de la cultura kikapú, chickasaw, apalachee, cherokee y otros pueblos nativos de Estados Unidos, pero también de Marruecos, de habitantes saharianos, y del África Central.

 

¿Por qué la fascinación de Rosa Imelda por la interpretación de la cestería, los textiles y adornos corporales en diferentes pueblos? Quizá porque al recrearlos en el lienzo se desentraña, aunque sea un poco, la magia del hombre en diferentes continentes.

 

Su curiosidad la llevó a tomar cursos, talleres y a experimentar, y su generosidad la movió a compartir sus habilidades y talento con otros para quienes pintar también es una necesidad y un gozo, sin mayores pretensiones que las de crear, aunque algunos de sus alumnos-niños crecieron y se formaron profesionalmente como artistas visuales.

 

Su más audaz incursión fue justamente en la Escuela Estatal de Artes, en donde aprobó el examen de admisión pero demasiado tarde, una cincuentona debía dejar su lugar a una joven promesa, sin embargo hubo quien creyó en ella más allá del edadismo institucional, el Maestro Jorge Ramírez que la avaló y persuadió a los directores de que Rosa Imelda Ramírez podría ser una digna egresada de la Estatal.

 

Jorge Ramírez no pudo ver a Rosa Imelda en su febril tesón por adentrarse en otra cultura, más inmediata a nosotros, los textiles y muñecas de Amealco de Bonfil, pero largas horas de conversación con el Maestro se quedaron en ella y la guiaron, la confrontaron.

 

Otras voces también la acompañaron, como la de Paulina Araiza, Ana América Araujo, Óscar Munderic, desde luego las mujeres de Amealco que le compartieron su saber, pero muy en especial la voz de su actual marido, Edmundo Corona, quien la estimuló y acompañó en innumerables viajes a las comunidades de Querétaro, a las entrevistas, a la documentación de textiles y su simbología.

 

Sus hijas Daniela y Jimena se encargaron de la documentación en fotografía y video.

 

Si se hiciera un recuento de las voces escuchadas e interpretadas para crear estos 20 óleos, sería sin duda una obra coral.

 

Hoy asistimos al punto final de un destino y al punto de partida de un nuevo trayecto, porque así es la vida del artista, un continuum de creación que solo termina con el último aliento.

 

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