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EL NIDO DE LA IGUANA PERTURBADA

DENTRO DE UN PAR DE DÉCADAS EL 2020 SERA RECORDADO…

 

Por José Arturo González Guerrero

El 2020 será recordado como un referente en el tiempo, quizá con más recurrencia que el 9/11; y así cuando alguien recuerde cuando el tío Goyo se deschavetó y dejó a la tía Mimí, alguien precise: “No, fue antes, acuérdate que ya para la cuarentena ya se había contentado con mi tía y Manolo se los llevó a Tepic”.

 

Y cada año en el aniversario del final de la pandemia las revistas del corazón y los programas matutinos harán un reportaje sobre las celebridades que murieron por Covid-19, y harán entrevistas en la calle para preguntar: ¿Qué hizo usted durante la cuarentena?

 

Probablemente habrá un monumento a los médicos, enfermeros, bomberos y policías caídos durante la pandemia con una llama eterna, y cada año, en el aniversario, además de las ofrendas, un coro de niños cantará “Resistiré”.

 

Los actos heroicos y personajes generosos y solidarios también quedarán en la memoria como referentes de que, como escribiera Shakespeare en Hamlet: “No todo está podrido en Dinamarca”; pero por alguna extraña razón serán tema esporádico, ya ve usted que don Eugenio Garza Sada volvió a ser nota hasta que a Pedro salmerón se le ocurrió decir esa sandez; y desde hace cuatro años y ya con Luis González de Alba muerto, nadie ha vuelto a mencionar a Gonzalo Miguel Rivas Cámara, Premio Belisario Domínguez post mortem 2016.

 

Por supuesto le harán un seguimiento al niño registrado con el nombre Covid (tal como lo hicieron con los bebés sobrevivientes del terremoto del 85), veremos reportajes que lo mostrarán en el kínder, después a los 13 años y luego como atleta olímpico, o cantante grupero, o diputado o jefe de un cartel muy despiadado.

 

Veremos un trabajo riguroso de periodismo de investigación que nos desvele la verdad detrás del desempeño de Andrés Manuel y de López-Gatell, algo así como el juicio que se les hizo a Díaz Ordaz y Echeverría sobre el 68.

 

Pero también habrá anécdotas tristes y dolorosas, recuerdos muy personales que no tendrán relevancia informativa como para aparecer en la prensa; padres, hermanos, hijos y amigos muertos a los que no se les pudo hacer un funeral “como Dios manda”, y que murieron solos, asistidos en el mejor de los casos por un desconocido.

 

Y los suicidas, no solo los que se colgaron, también los que se dejaron morir de tristeza ante la ruina económica… Y los más resilentes que, aunque no se mataron, no volvieron a estar “vivos”, los que nomás no pudieron “levantar cabeza” y tuvieron que mudarse a una colonia popular, los que se vieron obligados a cambiar a sus hijos de colegio, los que aprendieron a vivir en una realidad que antes del 2020 les parecía lejana y poco probable.

 

El 2020 será para algunos ancianos una muy buena excusa como la del que iba a hacer algo extraordinario con su vida pero “se chingó la rodilla”; sus nietos les escucharán repetir una y otra vez: “Yo ya iba a terminar la carrera, pero llegó el maldito coronavirus y perdí el semestre y luego pues ya no fue igual, ya no pude volver a la universidad”.

 

Y así, de una u otra manera, para los sobrevivientes, el 2020 será recordado por todos como el año en que perdimos la inocencia y supimos la verdad detrás del espejismo creado por un oligofrénico, nadie que haya vivido este año olvidará que México también está hecho de mexicanos desesperados y resentidos que saquearon supermercados, que desafiaron una pandemia con gárgaras de vinagre de manzana y bicarbonato y trataron de llegar a una playa en semana santa.

 

Y sobre todo, nadie olvidará que después del 2020 nunca regresamos a lo que conocimos como “la normalidad”.