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EL NIDO DE LA IGUANA PERTURBADA

¿DISCRIMINAR NOS DA IDENTIDAD Y SENTIDO DE PERTENENCIA?

 

Por José Arturo González Guerrero

La discriminación es un factor de cohesión, de pertenencia, todos deseamos formar “parte de”, “pertenecer a”, y cuando reunimos los requisitos para integrarnos a un grupo hay una regla no escrita, bueno, a veces si está muy bien clausulada, que dice cuáles deben ser nuestras filias y fobias si deseamos estar “dentro de”.

 

Si es mi deseo registrarme como militante del PAN, o más aún, integrarme a algún equipo de trabajo del partido (voluntario o remunerado), mis expresiones públicas, actitudes y opiniones deberán ser congruentes con la ideología panista; y así, probablemente sea confrontado, juzgado o incluso expulsado si expreso estar a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo o considero que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo.

 

Lo mismo ocurre en una pandilla, o en un grupo de colegas que están inscritos en el mismo club deportivo o social, o en un grupo de amigos obreros de la misma fábrica; el grupo me dirá que debo odiar a los pobres porque son huevones y son pobres porque quieren; o en el otro extremo el grupo dejará claro que los malditos burgueses explotadores no son la fuerza de México, ¡No señor! Los obreros son los que mueven a este país.

 

Estos criterios discriminativos se transmiten de generación en generación, se inculcan en los colegios afines al grupo, se promueven en las asociaciones de los diferentes gremios, y se imparten como doctrina en los grupos de inducción para jóvenes de asociaciones y clubs sociales.

 

La discriminación a homosexuales y a mujeres que deciden interrumpir su embarazo es un factor de cohesión de los miembros de la Ola Celeste, organización que a su vez congrega a otros grupos, padres de familia de colegios católicos, miembros del Consejo Coordinador Ciudadano, Panistas, católicos feligreses de diferentes parroquias, defensores de la familia natural, entre otros grupos y asociaciones.

 

Son cientos de miles de hombres y mujeres que expresan y comparten discursos de odio, contenidos homofóbicos y misóginos apuntalados y legitimados en sus creencias que, desafortunadamente, se traducen en acciones de odio.

 

Las terapias de conversión, el acoso a mujeres embarazadas para evitar que aborten (aun cuando sean víctimas de violación), la incidencia política y cabildeo en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo; los atentados contra antros gay, contra clínicas de planeación familiar y contra personas homosexuales o transexuales, son crímenes de odio gestados en la convicción de que discriminar es necesario para preservar el orden social “correcto”.

 

Y así como una persona puede ser objeto de doble o triple discriminación, (pienso ahora mismo en la estudiante de doctorado que fue discriminada por ser morena de rasgos indígenas, por vestir un atuendo de su región, por ser lesbiana, por ser “fea” y obesa, y por ser o parecer “pobre”), así también un sujeto puede ejercer diferentes tipos de discriminación abierta o encubierta.

 

¿Cómo combatir y desterrar la discriminación si es un factor de cohesión tan arraigado?

 

Tal vez (y entre otros esfuerzos sostenidos por diferentes sectores de la población) con una institución autónoma que agrupe a un equipo interdisciplinario que apoye a la sociedad civil organizada en el combate a la discriminación, que pugne por promover políticas y medidas para contribuir al desarrollo cultural y social, y con ello, avanzar en la inclusión social y garantizar el derecho a la igualdad.

 

Una institución que promueva el uso no sexista del lenguaje y que introduzca formas de comunicación incluyentes en el ámbito público y privado; que promueva el derecho a la no discriminación mediante campañas de difusión y divulgación; que participe en el diseño del Plan Nacional de Desarrollo, en los programas que de él se deriven y en los programas sectoriales, procurando que en su contenido se incorpore la perspectiva del derecho a la no discriminación.

 

Una institución que reciba y resuelva las quejas por presuntos actos discriminatorios cometidos por particulares o por autoridades federales en el ejercicio de sus funciones. Que desarrolle acciones para proteger a todas las personas de toda distinción o exclusión basada en el origen étnico o nacional, sexo, edad, discapacidad, condición social o económica, condiciones de salud, embarazo, lengua, religión, opiniones, preferencias sexuales, estado civil o cualquier otra, que impida o anule el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas.

 

Una institución que cuente con personalidad jurídica y patrimonio propios, que goce de autonomía técnica y de gestión, que adopte sus decisiones con plena independencia, que no esté subordinado a ninguna autoridad para sus resoluciones en los procedimientos de quejas.

 

Sería estupendo ¿No cree usted?

 

¡Oh espere! Ya existe y desde hace 20 años, se llama CONAPRED, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, pero… ¿Qué cree? Será una más de las instituciones que desmantelará la Cuarta Transformación emprendida por Andrés Manuel López Obrador.

 

Ni modo, somos causa y consecuencia y tenemos el presidente que nos merecemos por lo que hicimos, por lo que no hicimos, por lo que dejamos de hacer y por lo que debimos hacer mejor.