La llamada Cuarta Transformación construyó buena parte de su discurso político sobre una idea simple pero poderosa: defender la soberanía nacional frente a cualquier injerencia extranjera. Durante años, Morena acusó a gobiernos anteriores de “entreguistas”, de someterse a Washington y de permitir que agencias estadounidenses influyeran en la seguridad y la política mexicana. Hoy, sin embargo, ese discurso se derrumba bajo el peso de sus propias contradicciones.
Las versiones difundidas por medios estadounidenses sobre una presunta operación de la CIA en territorio mexicano son gravísimas. No se trata solamente de un operativo contra presuntos criminales; se trata de la posibilidad de que una agencia extranjera haya actuado en México con pleno conocimiento —o peor aún, con autorización— del gobierno federal. Y frente a ello, el oficialismo no responde con firmeza ni transparencia: responde con silencio, evasivas y campañas de distracción política.
Mientras el país exige explicaciones sobre la seguridad nacional y la soberanía, Morena prefiere alimentar polarización, atacar opositores y construir cortinas de humo mediáticas. La estrategia es evidente: cambiar la conversación pública para evitar responder preguntas incómodas. ¿Quién autorizó operaciones extranjeras en México? ¿Qué acuerdos existen con agencias estadounidenses? ¿Hasta dónde llega la intervención de Washington en territorio nacional? Son preguntas legítimas que hoy el gobierno evita responder.
La realidad es demoledora para la narrativa de la 4T. El movimiento que prometía dignidad nacional terminó dependiendo políticamente de Estados Unidos, cediendo presión en temas migratorios, seguridad y combate al narcotráfico. Lo que antes llamaban “sumisión” en gobiernos pasados, hoy lo justifican con silencio. La diferencia es que ahora quienes gobiernan son los mismos que durante años utilizaron el nacionalismo como bandera electoral.
El problema no es únicamente político; es moral. Porque millones de mexicanos votaron creyendo en un proyecto que presumía independencia y terminó atrapado entre contradicciones, propaganda y opacidad. Si las versiones sobre operaciones de la CIA resultan ciertas, la 4T no solo habrá fallado en garantizar seguridad: habrá traicionado uno de los principios que más utilizó para llegar al poder.







