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El Partido Acción Nacional en San Luis Potosí ha perfeccionado el arte de la simulación política. Mientras vende el discurso de la apertura ciudadana, sus dirigentes se encargan de cerrar la puerta incluso a quienes militan en sus propias filas. Así de contradictorio y así de burdo.

 

La dirigencia estatal encabezada por Verónica Rodríguez anunció con bombo y platillo a quienes pretende presentar como futuros «coordinadores municipales», una figura que no es más que el disfraz políticamente correcto para comenzar a posicionar aspirantes antes de tiempo. El problema es que la convocatoria para el registro de interesados ni siquiera ha concluido.

 

Es decir, el partido ya tiene favoritos antes de terminar de recibir las solicitudes. La democracia interna, al parecer, es un trámite administrativo que solo sirve para justificar decisiones previamente tomadas.

 

Pero hay algo todavía más grave. En la presentación oficial fueron excluidos cuatro panistas que también buscan registrarse como aspirantes. Ni siquiera tuvieron derecho a la fotografía. La dirigencia simplemente decidió que algunos merecen reflectores y otros deben permanecer en las sombras.

 

¿Y así pretenden convencer a los ciudadanos de que podrán competir en igualdad de circunstancias?

 

La mentira es demasiado evidente. Si el PAN no es capaz de tratar con imparcialidad a sus propios militantes, resulta francamente ofensivo pensar que un ciudadano sin grupo político, sin padrinos y sin cercanía con la dirigencia estatal tenga alguna posibilidad real de convertirse en candidato.

 

No es la primera vez que la dirigencia de Verónica Rodríguez es señalada por operar bajo criterios de exclusión política. Al interior del partido son muchos los que reconocen un estilo de liderazgo que privilegia las lealtades personales sobre la competencia abierta de ideas y proyectos. Quien no coincide con el grupo dominante simplemente deja de existir políticamente.

 

Quizá ahí se encuentre una de las explicaciones del progresivo debilitamiento del panismo potosino. Un partido que presume ser democrático hacia afuera, pero que se comporta de manera profundamente selectiva hacia adentro.

 

Los ciudadanos no son ingenuos. Saben distinguir entre una convocatoria auténtica y un montaje político.

 

El PAN potosino tiene todo el derecho de impulsar a quienes considere sus mejores cartas electorales. Lo que no tiene es el derecho de engañar a la militancia y a los ciudadanos llamándole democracia a un dedazo disfrazado de convocatoria. Si las decisiones ya están tomadas, lo mínimo que merece la sociedad es honestidad política.

 

Porque el problema no es que haya favoritos; el problema es querer hacer pasar una imposición por un ejercicio ciudadano. Y esa simulación explica, mejor que cualquier encuesta, por qué el PAN en San Luis Potosí cada vez convence a menos personas de que representa algo distinto a las viejas prácticas que durante años dijo combatir.