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Las acusaciones que hizo Adriana Dávila al renunciar a la Comisión Permanente del Partido Acción Nacional bien podrían dirigirse, sin cambiarles una sola palabra, a la dirigencia estatal del PAN en San Luis Potosí.

 

Dávila acusó a la dirigencia nacional de Jorge Romero Herrera de tolerar “la simulación, la incongruencia y la inacción”, además de no propiciar la apertura a otras ideas.

 

¿Le suena familiar al panismo potosino?

 

Porque en San Luis Potosí el problema parece ser exactamente el mismo: mientras el estado reclama una oposición firme, organizada y capaz de construir una alternativa política, buena parte de la discusión interna del PAN parece concentrarse en quién se queda con las posiciones, quién controla las candidaturas y quién tendrá ventaja en la próxima elección.

 

La lucha interna entre Verónica Rodríguez, Rubén Guajardo, Marcelo de los Santos y los grupos vinculados a los Azuara, parece estar más enfocada en repartirse las candidaturas competitivas que en diseñar una estrategia electoral capaz de enfrentar al gallardismo.

El mayor perjudicado por esta tibieza puede terminar siendo Enrique Galindo.

 

Si, como todo apunta, Galindo será el principal rostro de la oposición potosina rumbo a 2027, necesitará algo más que una candidatura. Necesitará estructura, estrategia, interlocución con otros sectores y, sobre todo, tener el control del un partido. 

 

Galindo debería entender que el tiempo político se está agotando. Si pretende encabezar una verdadera alternativa electoral, tendrá que exigir que el PAN defina de una vez quién manda, cuál es su estrategia y qué papel jugará cada grupo.

 

Incluso podría llegar el momento de plantear algo que dentro del PAN muchos preferirían no escuchar: si el partido quiere que Galindo cargue con el peso de representar a la oposición, también tendría que darle capacidad real para conducir la estrategia electoral.

Porque no se puede pedir al candidato que dé la cara mientras otros deciden desde la dirigencia qué hacer, con quién negociar y cómo repartir posiciones.

 

Y ahí aparece el fantasma de lo que le pasó a Xavier Nava.

 

En la pasada elección a la gubernatura Xavier Azuara se confabuló con Octavio Pedroza, y con el mismo Juan Manuel Carreras, para que hacer a un lado al candidato natural que era Xavier Nava. El resultado fue una derrota estrepitosa y la herencia maldita de que Gallardo gobierne el Estado de San Luis Potosí.