Banner AYTOSLP
previous arrow
next arrow

En el discurso de su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum mostró la debilidad de su administración al evidenciar que perdió el control de la narrativa de la agenda política nacional, algo que no había ocurrido en los ocho años de la autodenominada Cuarta Transformación. La presidenta ya no parece tener la capacidad de marcar por sí sola los tiempos, los temas y el sentido de la discusión política nacional.

 

Con marrullerías, mentiras, inventos o cualquier otra cosa que se le parezca, los morenistas habían logrado sostener el control de la narrativa. Una oposición carente de creatividad, sumida, temerosa y abyecta permitió que los zurdos impusieran su narrativa de manera, incluso, impune. Durante años, Morena encontró enfrente una oposición incapaz de responder con contundencia y terminó imponiendo su versión de los hechos prácticamente sin resistencia.

 

La frase más contundente que los medios alcanzaron a rescatar fue «Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos». Triste, muy triste. Porque cuando un gobierno tiene que salir a negar de manera tan enfática las divisiones y los rompimientos, es evidente que el asunto ya está instalado en la conversación pública. Sheinbaum perdió el control de la narrativa y eso, para un movimiento que hizo de ella una de sus principales herramientas de poder, no es un detalle menor.