Banner AYTOSLP
previous arrow
next arrow

Enrique Galindo no solo representa una fuerza política real y relevante para el Partido Acción Nacional. Hoy, el alcalde de la capital potosina es la única carta con posibilidades reales de construir una alternativa frente al poder que ejercen Morena a nivel nacional y el Partido Verde en San Luis Potosí.

 

Pareciera que en Acción Nacional todavía no les ha caído el veinte el tamaño del problema en que, por su omisión, miedo y falta de compromiso, nos tienen metidos a todos los potosinos. No se trata de analizar el desastre interno de los panistas. Para como se han comportado, poco debería importarle a los ciudadanos responsables el destino de los panistas.

 

El problema es que el PAN prácticamente se ha convertido en la única, o una de las dos vías electorales, que existen para quienes quieren construir un contrapeso democrático al poder. Mientras los panistas titubean, Morena avanza en el ámbito nacional y el Verde consolida su dominio en San Luis Potosí.

 

Con esos dos proyectos políticos, los potosinos ya estamos doblemente jodidos.

 

Pero si a eso le agregamos los egos, las ambiciones personales y las decisiones equivocadas de quienes tienen en sus manos la conducción de la oposición, entonces estamos triplemente jodidos.

 

Lo verdaderamente preocupante es que algunos políticos parecen no entender que la ciudadanía no está para tolerar experimentos, improvisaciones ni candidaturas producto de acuerdos entre unos cuantos.

 

Enrique Galindo podrá gustar o no. Podrá tener detractores y críticos, como cualquier político. Pero negar que hoy representa una fuerza electoral real sería cerrar los ojos ante una realidad evidente.

 

Mientras los políticos juegan a la estrategia, “los malos” se están organizando para mantenerse en el poder.

 

Los ciudadanos poco podemos hacer mientras las decisiones sigan en manos de los políticos. Pero tampoco estamos completamente indefensos.

 

Nos quedan las familias, los amigos, las redes sociales, las comunidades y, sobre todo, internet. Nos queda la posibilidad de hablar, organizarnos, cuestionar, exhibir errores y exigir respuestas.

 

Parece poco. Pero puede ser mucho.

 

Cuando los ciudadanos dejan de ser espectadores y comienzan a participar, los políticos descubren que el poder no es su propiedad. Es prestado.

 

En 2027 habrá que decidir a quién se lo volvemos a prestar.