La política potosina atraviesa una paradoja difícil de explicar. Mientras el gobernador Ricardo Gallardo despliega una estrategia de confrontación permanente contra sus adversarios políticos, los principales afectados parecen no haberse dado cuenta o, peor aún, han decidido ignorarla. Desde espacios de comunicación que presuntamente han quedado bajo la influencia del grupo gobernante, se desarrolla una campaña sistemática de desgaste contra el alcalde capitalino Enrique Galindo y, de manera más discreta pero constante, contra el propio gobierno federal encabezado por Morena.
A través de una estación de radio que, según diversas versiones políticas, habría sido adquirida recientemente por personas vinculadas al gallardismo y que actualmente es operada por exfuncionarios de la administración estatal, se transmiten diariamente mensajes informativos, comentarios y contenidos editorializados dirigidos a responsabilizar al Ayuntamiento de la capital de diversos problemas públicos. La estrategia resulta llamativa porque ocurre mientras el propio gobierno estatal enfrenta cuestionamientos por asuntos que van desde la inseguridad hasta el deterioro de infraestructura bajo su responsabilidad. Sin embargo, el objetivo parece claro: colocar a Galindo como adversario principal rumbo a la sucesión de 2027.
La ofensiva no se limita a la capital. Un conocido periódico de la Huasteca, que también se presume pasó recientemente a la órbita de influencia del grupo gobernante, opera desde la mencionada estación de radio una línea editorial crítica hacia decisiones y actores del gobierno federal. En los hechos, Gallardo parece haber abierto dos frentes simultáneos: uno contra la alianza PAN-PRI representada por Galindo y otro contra Morena, partido con el que comparte coyunturalmente algunos espacios de poder, pero con el que compite por el control político del estado.
Lo sorprendente es la ausencia de respuesta. Ni el alcalde Enrique Galindo ni las dirigencias estatales del PAN y Morena han mostrado una reacción proporcional a la intensidad de los ataques. En el caso del PRI, poco hay que esperar después de meses de alineamiento político con el gobierno estatal. Pero resulta difícil entender cómo Morena permanece inmóvil ante una campaña que también alcanza a la administración federal, o cómo el PAN permite que el principal activo político de la oposición en San Luis Potosí sea sometido a un desgaste cotidiano sin construir una estrategia de defensa.
La historia demuestra que en política los vacíos nunca permanecen mucho tiempo sin ocuparse. Mientras sus adversarios guardan silencio, Gallardo continúa avanzando posiciones, consolidando espacios de comunicación y construyendo narrativas favorables a su proyecto. La pregunta ya no es si existe una estrategia de confrontación, sino cuánto tiempo más tardarán PAN y Morena en reconocer que la batalla política ya comenzó y que, por ahora, solamente uno de los contendientes parece estar peleándola.







