La salida de Gerardo Sánchez Zumaya de la contienda por la gubernatura de San Luis Potosí agrega una nueva pieza al escenario político rumbo a 2027. El empresario anunció que no continuará como precandidato del Partido del Trabajo y atribuyó su decisión a razones personales.
El momento de su salida resulta imposible de ignorar.
Primero apareció la controvertida definición de Elí César Cervantes Rojas como coordinador de la Defensa de la Transformación en San Luis Potosí, después de que Morena anuló la encuesta interna. La decisión generó inconformidad entre participantes, particularmente porque, según reportes periodísticos, Cervantes no habría participado originalmente en el proceso y la dirigencia no explicó públicamente las razones de su designación.
Ahora, apenas un día después, Gerardo Sánchez Zumaya se baja de la contienda.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿qué sigue?
¿Se abrirá nuevamente la puerta para que Ruth González Silva sea considerada como opción del Partido Verde? ¿Se buscará otro perfil que resulte funcional al proyecto político que actualmente gobierna San Luis Potosí? ¿Morena continuará con una candidatura que, en los hechos, facilite la continuidad del gallardismo?
No hace falta inventar conspiraciones para observar que el tablero se está acomodando.
Ricardo Gallardo Cardona conserva desde el gobierno estatal una estructura política, administrativa y territorial, además de un sistema fraudulento electoral probado, que representa una ventaja de contexto para su grupo.
Por eso la salida de Sánchez Zumaya no es un asunto menor.
Su retiro elimina de la “ecuación electoral” a uno de los perfiles que había construido una posición propia y que había levantado un discurso frontal contra el actual grupo gobernante. Oficialmente, él ha dicho que se trata de una decisión personal y que quiere dedicar tiempo a su familia. Ajá. Por puro morbo sería interesante saber sobre qué delito lo apretaron de allá para que renunciara.
En política las consecuencias de una decisión pueden ser más importantes que las razones expresadas para tomarla.
Aquí aparece el segundo acto de una historia que todavía no termina.
El primero fue la definición de un candidato morenista que llegó por designación directa después de que se anuló la encuesta.
El segundo es la salida de Sánchez Zumaya.
El tercero podría ser la construcción de una candidatura que termine fragmentando todavía más el voto opositor y dejando el camino despejado para la continuidad del grupo Gallardista.
San Luis Potosí no puede darse el lujo de que la elección de su próximo gobernador termine reducida a acuerdos cupulares, candidaturas acomodadas y decisiones perversas tomadas lejos de los ciudadanos.
Porque si eso ocurre, el problema no será solamente quién gane la elección.
El verdadero problema será quién decidió, realmente, quién podía competir para ganarla.







