- El sociólogo sostiene que el obradorismo desmanteló a la izquierda mexicana y convirtió a Morena en una fuerza conservadora, nacionalista y de derecha. Cuestiona el discurso histórico del oficialismo y afirma que su retórica de independencia frente a Estados Unidos contrasta con la estrecha dependencia económica y política de Washington.
En entrevista virtual con Confabulario, sobre el panorama político e ideológico de México y América Latina, el sociólogo Roger Bartra plantea una tesis contundente: la izquierda mexicana atraviesa una crisis que amenaza su propia supervivencia. A su juicio, el obradorismo, al consolidarse en el poder, no fortaleció a las fuerzas progresistas, sino que terminó por desarticularlas, primero con el debilitamiento y la desaparición del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y después con la incorporación de buena parte de sus bases a Morena, partido que Bartra considera conservador, nacionalista y reaccionario. Desde su perspectiva, el escenario político mexicano quedó dominado por distintas expresiones de la derecha, mientras la izquierda permanece dispersa entre periodistas, intelectuales, medios de comunicación y pequeños grupos políticos sin una fuerza articuladora.
Bartra cuestiona también la imagen de México como uno de los principales referentes de la izquierda latinoamericana, junto con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil. Sostiene que el nacionalismo del régimen mexicano funciona como una cobertura ideológica que le permite proyectar una apariencia de izquierdismo, aunque sus prácticas y posiciones políticas, según su interpretación, mantienen una continuidad con el viejo sistema priista. En esta lectura, Morena no representa una ruptura profunda con el pasado, sino una adaptación de las estructuras y tradiciones del nacionalismo revolucionario mexicano bajo un nuevo discurso político.
Otro de los ejes de la entrevista es la disputa por la interpretación de la historia nacional. El sociólogo critica la manera en que el expresidente Andrés Manuel López Obrador aborda la Conquista y el pasado prehispánico en su libro Grandeza. Bartra considera que esa narrativa contiene errores, simplificaciones y argumentos demagógicos, particularmente al reivindicar un supuesto origen prehispánico del llamado humanismo mexicano y al minimizar aspectos como los sacrificios humanos. Más allá de la controversia histórica, advierte que el debate público se ha empobrecido y que las discusiones promovidas desde el nacionalismo oficialista no alcanzan, en su opinión, la profundidad intelectual necesaria para generar un intercambio historiográfico riguroso.
Finalmente, Bartra identifica en la política exterior mexicana otra expresión de esa continuidad priista. La relación con Cuba y la falta de una condena firme a las dictaduras de Cuba y Nicaragua serían, desde su análisis, recursos retóricos para proyectar autonomía frente a Estados Unidos. Sin embargo, considera que esa postura contrasta con la realidad de una relación de profunda dependencia y cooperación con Washington. La aparente distancia ideológica, sostiene, sirve como instrumento de negociación, pero no modifica los vínculos estructurales entre ambos gobiernos.
La entrevista deja una conclusión central: para Roger Bartra, el principal problema de la izquierda mexicana no es únicamente su pérdida de identidad ideológica, sino la ausencia de una fuerza política capaz de reconstruirla. Su diagnóstico cuestiona la etiqueta de izquierda que acompaña al proyecto gobernante y obliga a distinguir entre el discurso nacionalista, la tradición histórica del priismo y una izquierda democrática con identidad propia. Se trata de una interpretación crítica del presente mexicano que coloca en el centro una pregunta fundamental: si Morena ocupa hoy el espacio político de la izquierda, ¿quién representa a la izquierda fuera del poder?







