La llegada de Blanca Yassahara Cruz García a la presidencia provisional del Instituto Nacional Electoral (INE) vuelve a colocar en el centro de la polémica la independencia del árbitro electoral.
Cruz García no es una figura ajena al grupo de Guadalupe Taddei: análisis de sus votaciones la ubican entre los seis integrantes del bloque que acompañó recurrentemente a la consejera presidenta en decisiones controvertidas. Su coincidencia con ese grupo, sumada al respaldo público que expresó a Taddei frente a los cuestionamientos sobre su gestión, alimenta las dudas sobre la continuidad de esa línea dentro del organismo encargado de garantizar elecciones libres y equitativas.
La mal llamada Cuarta Transformación vuelve a quedar bajo sospecha de pretender conservar el control político de una institución que debería actuar con absoluta autonomía. Blanca Cruz llegó al Consejo General con el voto mayoritario de Morena y sus aliados en la Cámara de Diputados, y ahora asume provisionalmente la presidencia tras la renuncia de Taddei. La secuencia política resulta inquietante: una consejera respaldada por la mayoría oficialista, identificada con el bloque de la presidenta saliente y ahora colocada al frente del organismo electoral.
El relevo abre así un nuevo frente de preocupación para quienes consideran que la autonomía electoral ha sido debilitada durante la mal llamada Cuarta Transformación.







