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  • Los plaguicidas son las medicinas de las plantas que deben aplicarse de acuerdo a su manejo adecuado
  • Tres consecuencias graves de la prohibición de plaguicidas

El debate sobre los plaguicidas altamente peligrosos, los famosos PAPs, parte de una premisa tan sencilla:  los químicos son nocivos para la salud y el medio ambiente y, en consecuencia, hay que eliminarlos para tener alimentos saludables y cuidar el medio ambiente. Suena bien, pero el argumento es tan reduccionista como falaz: lo “peligroso” de los plaguicidas es la dosis que se aplica a los cultivos, no la sustancia en sí.

Del mismo modo que una medicina tiene sustancias “dañinas” si se abusa de su consumo o se ingiere en las dosis que no dice el doctor, los plaguicidas son las medicinas de las plantas que deben aplicarse de acuerdo a su manejo adecuado. Y así como los antibióticos, los antidepresivos, y toda la gama de medicamentos recetados para tratar padecimientos y enfermedades no debería ser prohibida por los “daños” que puede causar a la salud y al organismo de un enfermo, el mismo razonamiento aplica a los plaguicidas. Como lo dijo el médico de la Edad Media, Paracelso: la dosis distingue a un remedio, de un veneno.