Hay algo profundamente contradictorio en la conducta de Claudia Sheinbaum cuando utiliza la tribuna presidencial para exhibir imágenes aéreas de la marcha de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con intención de reducir dimensión de protesta y descalificar su legitimidad. En lugar de atender demandas de quienes salieron a manifestarse, presidenta opta por poner foco en cantidad de asistentes, como si número de personas reunidas fuera suficiente para invalidar reclamos. Es una maniobra política que desvía discusión de lo verdaderamente importante: las condiciones laborales, las inconformidades y las razones que llevaron a los trabajadores a protestar.
La contradicción resulta todavía más evidente cuando se recuerda que las movilizaciones organizadas para respaldar a los gobiernos de Morena y de la mal llamada Cuarta Transformación recurren siempre al acarreo vergonzoso.
El problema de fondo no es que la presidenta muestre un video desde las alturas. Es el uso político que puede hacerse de esas imágenes cuando se presentan como argumento para restar legitimidad a una movilización laboral. Una toma aérea permite observar una concentración, pero no revela las motivaciones de cada asistente, no determina si las demandas son justas y tampoco demuestra que una protesta carezca de respaldo.
La cantidad de manifestantes puede ser relevante para dimensionar un movimiento, pero nunca sustituye la obligación de escuchar sus exigencias. Reducir el conflicto a una cuestión de volumen es una manera de eludir el debate que el Gobierno debería estar dispuesto a sostener.
Si los trabajadores del IMSS se manifestaron por inconformidades laborales, sus reclamos merecen una respuesta institucional, no una competencia de imágenes para determinar quién reúne más personas.
La Presidencia tiene recursos, visibilidad y poder de comunicación muy superiores a los de cualquier grupo de trabajadores. Utilizar esa ventaja para colocar bajo sospecha una protesta, es una actitud ruin.
La verdadera prueba para Claudia Sheinbaum no consiste en exhibir desde las alturas cuántas personas acudieron a una marcha, sino en explicar qué está haciendo su Gobierno para atender las inconformidades de los trabajadores.
Una vez más, la presidenta centra el debate en defender al gobierno de la mal llamada cuarta transformación, mientras lo que se requiere es atención a los problemas de los mexicanos.







