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La derrota de Iván Cepeda en Colombia representa un nuevo golpe para la estrategia de alineamiento ideológico impulsada por la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. El resultado electoral se suma a una cadena de reveses sufridos por candidatos y movimientos de izquierda en América Latina que recibieron respaldo político, simpatía o cercanía del gobierno mexicano. Lejos de consolidar un bloque “progresista” regional, los comicios recientes muestran un marcado retroceso de esas fuerzas frente a electorados cada vez más críticos de los gobiernos identificados con la izquierda.

 

En menos de dos años, la mandataria mexicana ha visto caer uno a uno a sus principales referentes políticos en la región. Honduras dejó de ser un bastión sólido para Xiomara Castro; el Movimiento al Socialismo perdió protagonismo en Bolivia; Luisa González fue derrotada en Ecuador; Janette Jara no logró imponerse en Chile; Roberto Sánchez quedó rezagado en Perú y ahora Iván Cepeda fracasa en su intento por mantener a la izquierda en el poder en Colombia. El panorama contrasta con el discurso de integración progresista promovido desde Palacio Nacional.

 

Los resultados exhiben las limitaciones de una política exterior basada en afinidades ideológicas más que en intereses estratégicos. Mientras los gobiernos respaldados por Sheinbaum acumulan derrotas electorales, México corre el riesgo de quedar aislado en una región donde el electorado parece inclinarse por opciones distintas a las promovidas por la auto llamada Cuarta Transformación. La sucesión de fracasos alimenta la percepción de que el respaldo político de la mandataria mexicana se ha convertido más en una carga que en un activo para los candidatos de izquierda que buscan conquistar el voto ciudadano.