Ciudad de México. Durante años, la política mexicana parecía tener un villano oficial: el PRI. Sin importar quién gobernara, buena parte del debate público terminaba señalando al viejo partido como símbolo de los males históricos del país.
Por eso resulta tan llamativo el fenómeno que hoy se observa en redes sociales: personas celebrando derrotas de Morena incluso cuando quien resulta beneficiado es el PRI. Una escena que hace algunos años habría parecido imposible.
Morena llegó al poder prometiendo ser la alternativa al viejo régimen. Su discurso se construyó alrededor de la idea de representar un cambio profundo frente a las prácticas que durante décadas criticó. Sin embargo, conforme avanzó en el ejercicio del poder, comenzó a enfrentar un problema clásico de cualquier gobierno: las expectativas que él mismo creó.
La paradoja es evidente. Mientras el PRI pasó años acumulando críticas y rechazo, Morena ha conseguido algo que parecía muy difícil: provocar que algunos ciudadanos celebren cualquier resultado electoral que lo perjudique, sin importar quién gane del otro lado.
Las redes sociales se han convertido en el escenario perfecto para este fenómeno. Frases como “Nunca pensé que diría esto, pero qué bueno que perdió Morena” aparecen con frecuencia entre usuarios que no necesariamente simpatizan con el PRI, pero que buscan expresar su descontento con el partido gobernante.
La ironía política es difícil de ignorar. El movimiento que llegó prometiendo desterrar al viejo villano nacional se encuentra ahora con que parte de la conversación pública lo coloca en ese papel.
Mientras tanto, el PRI observa una situación insólita: después de años siendo el blanco favorito de críticas, descubre que en ciertos espacios digitales hay quienes festejan sus victorias no por entusiasmo hacia el partido, sino por el deseo de ver derrotado a Morena.
Si alguien hubiera pronosticado hace una década que habría usuarios celebrando en redes una derrota de Morena a manos del PRI, probablemente habría sido acusado de escribir ficción política. Hoy, la realidad parece haber decidido adelantarse a la sátira.







