En política, lo que parece es.
Los movimientos políticos que observo en San Luis Potosí me dicen que Morena negoció con el régimen gallardista la entidad de San Luis Potosí, intentando colocar un candidato a modo para dejar el camino libre a las ambiciones del autodenominado padrino Ricardo Gallardo y que siga gobernando la entidad potosina.
Obvio, a cambio, se mantiene esa perversa alianza en la designación de candidatos a diputados federales, de esos que tanto le gustan a Morena: agachones, disciplinados y dispuestos a recibir y cumplir órdenes sin chistar.
Hasta aquí, todo parece ir conforme a lo que creo tienen planeado ambos regímenes: el de Morena y el de Gallardo.
Pero el problema vendría si a Elí Cervantes se le ocurre hacer uso de todos los recursos de Morena a su alcance. Entre ellos, la estructura de los Servidores de la Nación, dinero ilegal, INE, Tribunal Federal Electoral y todos aquellos instrumentos que puedan estar disponibles para construir una verdadera competencia política.
Entonces el escenario cambia. Aparece un elemento que no se debe perder de vista: los orígenes políticos y familiares de Elí Cervantes.
Es hijo del maestro Felipe de Jesús Cervantes Pérez, un dirigente opositor durante muchos años. Un hombre de discurso congruente, amable en el trato, pero muy duro en sus críticas al entonces régimen priista y, posteriormente, a los gobiernos panistas.
No se trata, pues, de cualquier antecedente familiar.
Elí Cervantes creció viendo de cerca la política desde la oposición. Conoció desde casa lo que significa enfrentar al poder, cuestionarlo y señalar sus excesos. Y esa formación podría tener un peso importante en el papel que ahora le corresponde desempeñar.
Por eso, aunque la lectura política de su designación apunta hacia un acuerdo que dejaría a Morena con un candidato cómodo para el gallardismo, existe una variable que puede alterar el escenario: el propio Elí Cervantes.
Porque una cosa es ser designado para cumplir una función dentro de un acuerdo político y otra muy distinta es tener en las manos la estructura, los recursos y la responsabilidad de conducir a Morena rumbo a 2027.
Ahí estará la verdadera prueba.
Si Elí Cervantes acepta convertirse en el patiño que hubiera querido Ricardo Gallardo, el guion seguirá exactamente como parece estar escrito.
Pero si decide utilizar la fuerza política que Morena puede poner en sus manos, organizar a su partido, recorrer el estado, construir estructura y competir de verdad, entonces la historia podría tomar otro rumbo. Aquí está el verdadero riesgo para quienes creen tener controlado el escenario.
Elí Cervantes podrá haber llegado a la coordinación estatal de la Defensa de la Transformación mediante un acuerdo político, pero nadie puede saber todavía qué hará con el poder que le entregaron.
Su padre fue un opositor.
Un hombre que durante años cuestionó al poder priista y después al panismo.
Ahora habrá que ver qué aprendió Elí Cervantes de aquella historia familiar.
Porque en política, no lo olviden, lo que parece es.







