Efectivamente, el autodenominado padrino Ricardo Gallardo debió, desde hace cinco años, comportarse como un político de Estado y considerar que gobierna para todos los potosinos, no solamente para su camarilla.
Desde que asumió la gubernatura, Gallardo se definió a sí mismo. En principio, dijo que su gobierno no iba a pagar las deudas que dejó Juan Manuel Carreras López.
Es decir, piensa que las deudas del gobierno son personales, no institucionales. Entonces, Gallardo cree que el dinero del gobierno es suyo, no de los potosinos.
Y precisamente con esa creencia, el autodenominado padrino hace uso del dinero del erario público en todos los sentidos.
Ahora que ya viene la lucha electoral, el presidente municipal Enrique Galindo decidió tomar acción y reclamar los abusos en que incurre Gallardo como jefe político de su camarilla del Partido Verde. Sin duda, es correcto lo que hace el alcalde de la capital.
Creo que antes no lo hizo por prudencia política. Era un suicidio ponerse a las patadas con el padrino, conociéndolo como es.
Lo que sí hay que reclamar es que los líderes de oposición, dígase Verónica Rodríguez y Marco Gama, callaron como momias. Ellos eran los responsables de estar al frente en la arena política, señalando y denunciando al padrino. No lo hicieron. Allá ellos.
Esperemos que, en lo sucesivo, Galindo siga poniendo el dedo en la llaga, para que los potosinos despierten de su letargo, sobre todo los empresarios y los representantes de la sociedad.
Es necesario señalar ya los innumerables excesos del padrino.
Porque, al final, pedirle a Ricardo Gallardo que gobierne para todos es, hasta ahora, pedirle peras al olmo.







