Banner AYTOSLP
previous arrow
next arrow

Hasta parece que fue ayer cuando el viejo régimen priista decidía el destino de San Luis Potosí desde oficinas climatizadas en la Ciudad de México, sin consultar a los potosinos y tratando al estado como una simple pieza dentro del tablero del poder central. Aquella práctica fue durante años símbolo del autoritarismo, del presidencialismo y del desprecio por la vida democrática regional. La diferencia es que, al menos entonces, existía cierto pudor político: no lo admitían públicamente. Hoy, en un acto que raya entre la arrogancia y el cinismo, es la propia dirigencia de Morena la que reconoce abiertamente que el futuro político de San Luis Potosí no se define aquí, sino en la capital del país.

 

La dirigente estatal de Morena, Rita Ozalia Rodríguez, admitió que la relación con el Partido Verde Ecologista de México en San Luis Potosí es “inexistente”. La confesión es demoledora porque desnuda una realidad que Morena había intentado disimular: en el ámbito local no existe diálogo, coordinación ni proyecto compartido con el Verde; lo único que existe es una negociación cupular entre élites partidistas. Peor aún, la propia dirigente reconoció que cualquier alianza, candidatura o acuerdo estratégico se decide en la Ciudad de México. Es decir, la voluntad de las bases, de la militancia local e incluso de la ciudadanía potosina queda subordinada a decisiones tomadas por operadores nacionales que difícilmente padecen las consecuencias de sus arreglos políticos.

 

Más revelador todavía fue el mensaje dirigido al gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Morena estaría dispuesto a permitir que el Verde encabece una eventual coalición, siempre y cuando la candidatura no recaiga en su esposa, Ruth González Silva. El fondo del asunto resulta imposible de ignorar: no se discuten proyectos de gobierno, planes de desarrollo ni soluciones para los problemas del estado; se negocian candidaturas, vetos y cuotas de poder. Morena, que llegó al poder prometiendo erradicar las viejas prácticas del régimen que tanto criticó, hoy exhibe exactamente los mismos vicios que juró combatir. Quizá con una diferencia todavía más preocupante: ya ni siquiera sienten la necesidad de disimular. El mensaje para los potosinos es brutalmente claro: su opinión vale menos que los acuerdos de cúpula.