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Con muy poca creatividad, casi nada, el auto nombrado padrino, Ricardo Gallardo, volvió hacer de las suyas.

 

En su quinto informe de gobierno puso sobre la mesa un supuesto ataque de la oposición contra su familia. Otra vez, miente.

 

Lo verdaderamente preocupante no es que Gallardo vuelva a jugar a la víctima. Lo preocupante es que la oposición, cándida, cayó en el juego y salió a declarar que no es cierto.

 

Gallardo lanzó el anzuelo y la oposición mordió.

 

Los resultados de cinco años de gobierno dan para una larga lista de cuestionamientos y otra más para denuncias penales y ante instancias federales y electorales. Pero en lugar de poner esos asuntos sobre la mesa, la oposición decidió discutir tema que Gallardo les puso enfrente.

 

Durante cinco años, Gallardo pone la agenda y la oposición corre detrás.

 

Gallardo acusa y la oposición se defiende. Gallardo cambia el tema y la oposición cambia el tema. Gallardo se presenta como víctima y la oposición sale a explicar que no lo está atacando.

 

Mientras tanto, los ciudadanos seguimos atorados.

 

Hacer oposición no significa responder cada provocación del gobernador. Significa cuestionarlo, revisar sus números, investigar sus decisiones, exigir cuentas y denunciar cuando existan elementos para hacerlo.

 

Aquí parece que nadie quiere asumir esa responsabilidad.

 

Cinco años de un gobierno con enorme poder político y, hasta ahora, una oposición incapaz de ponerle un verdadero freno.

 

El gobernador juega a la víctima y la oposición le sigue el juego.

 

Mientras ellos discuten si atacaron o no a la familia de Gallardo, los excesos de gallardo se siguen acumulando en perjuicio de San Luis Potosí.

 

Inocente oposición: te dejaste engañar. Otra vez.