En el tablero político de San Luis Potosí, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encuentra en una situación de vulnerabilidad extrema, marcado por lo que críticos y militantes señalan como una crisis de identidad y una preocupante falta de trabajo territorial. Mientras la dirigencia estatal, encabezada por la diputada Sara Rocha Medina, insiste en que el partido «sabe gobernar» y mantiene una postura de ir solos en el proceso electoral de 2027, la realidad que se percibe en las bases es de un abandono operativo que amenaza con llevar al instituto político a su mínima expresión histórica.
¿Oposición o comparsa?
El cuestionamiento más agudo hacia la gestión de Rocha Medina es la percepción de un «entreguismo» tácito hacia la administración del gobernador Ricardo Gallardo Cardona. La línea entre la labor legislativa y la complicidad política se desdibujó severamente a finales de 2025, cuando la dirigente priista se vio envuelta en un escándalo mediático tras presumir en sus redes sociales un premio obtenido en una rifa organizada por el Ejecutivo estatal. Aunque Rocha intentó minimizar el hecho calificándolo como una «broma», el episodio dejó una profunda herida en la credibilidad de la oposición priista, alimentando la narrativa de que la cúpula del partido ha dejado de ser un contrapeso real para convertirse en un aliado por conveniencia del oficialismo.
Una estructura en el olvido
Mientras Morena, el Partido Verde y otras fuerzas ya calientan motores con estrategias de campo, el PRI potosino parece apostar por la inercia. Voces internas han advertido que, bajo el mando actual, el partido ha carecido de una estrategia clara para:
Recuperar presencia territorial: La militancia señala la falta de recorridos y de un trabajo permanente en los municipios, elementos indispensables para enfrentar una elección de gobernador.
Renovar cuadros: En lugar de fortalecer nuevas figuras, el partido sigue arrastrando el desgaste de cuadros cuestionados, como se evidenció con el retorno de personajes vinculados a administraciones pasadas, cuya presencia genera más rechazo que cohesión.
Definición estratégica: A pesar de los intentos de Rocha por proyectar fuerza tras los resultados en otros estados como Coahuila, analistas políticos advierten que el PRI en San Luis Potosí vive un escenario diametralmente opuesto, donde el riesgo de perder el registro en 2027 es una posibilidad real que hoy discuten abiertamente los partidos contrarios.
El costo de la desconexión
La dirigencia ha intentado desviar la atención hacia la inseguridad como factor que inhibe la participación de mujeres en la política. Si bien es una realidad innegable en la entidad, críticos dentro del propio priismo sugieren que este discurso también funciona como una cortina de humo para ocultar la incapacidad de la dirigencia para movilizar a sus bases en un entorno donde la marca PRI está cada vez más desdibujada.
Hoy, la dirigencia de Sara Rocha se enfrenta a un reloj electoral que no se detiene. Con una oposición dividida en la narrativa pero unificada en su desdén por el «nuevo PRI», la pregunta que resuena en los comités municipales es si el partido llegará a 2027 como una alternativa competitiva o simplemente como un testigo de su propia desaparición política.







