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La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación volvió a demostrar que ningún gobierno emanado de la llamada “Cuarta Transformación” tiene intención de poner orden frente a sus excesos. Lo que comenzó como una alianza política con el obradorismo terminó convirtiéndose en un permanente esquema de presión, chantaje y privilegios financiados con recursos públicos. Mientras millones de estudiantes siguen padeciendo rezagos educativos, la prioridad oficial parece ser mantener contentos a los grupos radicales del magisterio.

 

Durante años, la CNTE combatió cualquier intento de evaluación o modernización educativa bajo el argumento de defender derechos laborales, pero en los hechos logró recuperar control político y administrativo sobre plazas y decisiones sindicales. Ahora, cada bloqueo carretero, plantón o amenaza de paralizar la capital del país se traduce en nuevas concesiones del gobierno federal, evidenciando la debilidad de una administración incapaz de imponer autoridad.

 

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta así uno de los primeros grandes desafíos de su sexenio y hasta ahora todo indica que seguirá la misma ruta de complacencia. En lugar de defender el interés de los estudiantes y de los contribuyentes, el gobierno parece dispuesto a continuar entregando prebendas a un movimiento que ha encontrado en la presión política un negocio permanente.