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Morena acaba de confirmar que su supuesta oposición al gallardismo tiene más de simulación que de convicción. Su flamante coordinador de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en San Luis Potosí, lo que es lo mismo, candidato a la gubernatura, Elí César Cervantes, anunció que no construirá su proyecto sobre el antigallardismo. ¡Vaya oposición! Pretende gobernar San Luis Potosí sin confrontar al grupo político que hoy detenta el poder y, el cual tiene a Ruth González como su carta fuerte, para suceder a su marido Ricardo Gallardo Cardona.

 

La interpretación es inevitable: Morena parece más interesado en administrar sus acuerdos políticos que en encabezar una verdadera alternativa de gobierno. Si Elí Cervantes no está dispuesto a enfrentar al gallardismo, ¿para qué quiere la candidatura? ¿Para combatirlo o para garantizarle una competencia a modo? Porque una oposición que se niega a confrontar al poder termina convirtiéndose en su cómplice política, aunque se disfrace de adversaria en las boletas.

 

La maniobra queda todavía más clara con la confesión de que Morena establecerá una alianza formal para las diputaciones federales. En San Luis Potosí fingirán competir por la gubernatura, mientras en el ámbito federal compartirán intereses electorales.

 

Esa es la contradicción que desnuda el discurso morenista: por un lado, buscará los votos de los ciudadanos inconformes con el gobierno de Gallardo; por el otro, conservará acuerdos con el partido que lo encabeza.

 

El problema es político y moral: ¿cómo convencer a los potosinos de que Morena representa un cambio si su dirigencia descarta enfrentar de manera directa al gallardismo?. La candidatura morenista terminará siendo una oposición controlada, útil, para dividir el voto y dejar intactos los intereses del grupo gobernante.

 

Morena no puede presentarse como la fuerza que va a sacar al gallardismo del gobierno si su propio aspirante se niega hacer de esa confrontación una bandera política.

 

Los potosinos merecen saber si tendrán una oposición auténtica o una candidatura que haga ruido en campaña, recoja el descontento ciudadano y, al final, resulte funcional a la continuidad del Verde.

 

La pregunta que queda en el aire es brutal: ¿Morena quiere derrotar a Gallardo o solamente negociar con él desde otra ventanilla?.