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El Partido Acción Nacional decidió adelantar los tiempos políticos y presentar públicamente a quienes buscarán convertirse en su carta para la presidencia municipal de San Luis Potosí. Bajo el eufemismo de «coordinadores municipales», el mensaje es inequívoco: el PAN ya puso sobre la mesa a sus aspirantes a la candidatura para el 2027.

 

La dirigente estatal del partido y senadora, Verónica Rodríguez, confirmó que los perfiles considerados son Marcelo de los Santos Anaya, Rubén Guajardo, David Azuara y ella misma. El procedimiento interno contempla registros durante esta semana, actividades públicas y una encuesta que servirá para definir quién encabezará la denominada coordinación municipal, figura que difícilmente puede interpretarse de otra manera que como una candidatura anticipada.

 

Más allá de la evidente simulación política para evitar llamar las cosas por su nombre, el verdadero problema para la oposición es otro: la alarmante falta de liderazgos competitivos.

 

Ninguno de los perfiles anunciados parece representar una figura capaz de generar entusiasmo ciudadano o construir una oposición sólida frente al aparato político y electoral del oficialismo en San Luis Potosí.

 

Marcelo de los Santos Anaya tiene como principal activo su capacidad económica. Eso, en política, puede ser una ventaja considerable. Sin embargo, la experiencia demuestra que no siempre quienes son invitados a participar por su solvencia económica están dispuestos a asumir los costos financieros y políticos de una campaña competitiva. Tener recursos no es sinónimo de tener liderazgo, estructura territorial o capacidad para conectar con el electorado.

 

David Azuara tiene experiencia en la operación interna del PAN. Tanto él como su hermano, Javier Azuara, han demostrado habilidad para navegar las complejas dinámicas partidistas y alcanzar candidaturas. No obstante, resulta difícil identificar algún momento en el que David Azuara haya encabezado una causa ciudadana relevante o construido un liderazgo que trascienda los límites del panismo tradicional.

 

Rubén Guajardo arrastra una reputación cuestionada incluso entre sectores cercanos a su propia fuerza política. Su permanencia en la vida pública obedece más a su capacidad de supervivencia política que a la construcción de un liderazgo ciudadano sólido. Su nombre difícilmente aparece asociado con movimientos sociales, iniciativas de gran impacto o una oposición particularmente combativa.

 

El caso de Verónica Rodríguez merece una reflexión aparte. Como dirigente estatal del PAN y senadora de la República, contaba con una posición privilegiada para convertirse en uno de los principales contrapesos políticos del régimen estatal. Sin embargo, su desempeño como opositora ha sido bastante gris. Durante los episodios más polémicos del actual gobierno, su voz estuvo prácticamente ausente. Lejos de encabezar las grandes batallas políticas de la oposición, su papel ha sido el de una observadora silenciosa.

 

El anuncio realizado este lunes deja una conclusión difícil de ignorar: la oposición potosina enfrenta un serio problema de cuadros políticos. Más allá de las estrategias de comunicación y los procesos internos disfrazados de coordinaciones municipales, ninguno de los nombres presentados proyecta, hasta ahora, la fuerza política necesaria para disputar con seriedad la presidencia municipal de la capital.

 

A poco más de un año del arranque formal del proceso electoral, la caballada opositora luce flaca. Muy flaca. Y eso debería preocupar no solamente al PAN, sino a todos aquellos ciudadanos que consideran indispensable la existencia de una oposición fuerte, competitiva y capaz de ejercer un verdadero contrapeso democrático.