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La renuncia de Ulises Lara a la titularidad de la Fiscalía Especial en Investigación de Asuntos Relevantes y a la vocería de la Fiscalía General de la República difícilmente puede verse como un simple relevo administrativo. Se trata de uno de los personajes más controvertidos del obradorismo, cuya trayectoria ha estado marcada por cuestionamientos sobre el uso político de las instituciones de procuración de justicia.

 

Durante años fue uno de los operadores más leales del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Su paso por la Fiscalía de la Ciudad de México estuvo rodeado de polémicas, decisiones controvertidas y acusaciones de actuar con criterios políticos antes que jurídicos. Para amplios sectores de la opinión pública, Ulises Lara se convirtió en el rostro de una justicia utilizada con fines de conveniencia gubernamental.

 

Por eso resulta poco creíble que un funcionario de ese perfil abandone un cargo estratégico únicamente bajo la explicación de «motivos personales». En política, y particularmente dentro de Morena, los cuadros considerados útiles para el proyecto no suelen retirarse por voluntad propia mientras conserven la confianza del poder.

 

La historia reciente del movimiento gobernante demuestra que sus figuras relevantes reciben respaldo político incluso en medio de fuertes cuestionamientos públicos. Esa ha sido una constante desde el inicio de la llamada Cuarta Transformación. Por ello, cuando un operador de primer nivel deja una posición tan sensible, es inevitable pensar que existe un costo político o institucional que terminó por hacer insostenible su permanencia.

 

No corresponde afirmar, sin pruebas, cuál fue ese motivo. Lo que sí puede sostenerse es que la explicación oficial resulta insuficiente para un cambio de esta magnitud. La sociedad merece conocer las razones reales de la salida de un funcionario que tenía bajo su responsabilidad investigaciones relevantes y la comunicación de la Fiscalía General de la República.

 

Ulises Lara deja el cargo con una imagen profundamente desgastada y con una larga lista de críticas acumuladas. Difícilmente será recordado como un fiscal que fortaleció la autonomía de las instituciones. Más bien, para muchos, simboliza una etapa en la que la procuración de justicia apareció demasiado cercana a los intereses del poder político.

 

La versión oficial podrá hablar de asuntos personales. La realidad política suele contar otra historia. Y cuando se trata de un operador con el historial y el peso político de Ulises Lara, las respuestas terminan apareciendo tarde o temprano.