El desmoronamiento del movimiento de la Cuarta Transformación dejó de ser una posibilidad para convertirse en una ruta política que cada día adquiere mayor velocidad.
Al final de cuentas, Rubén Rocha Moya terminará enfrentando las consecuencias de las investigaciones que, según los señalamientos que han circulado públicamente, podrían llevarlo ante el sistema de justicia de los Estados Unidos de Norteamérica, al igual que a otros nueve funcionarios morenistas de Sinaloa.
Lo que la Cuarta Transformación necesitaba era tiempo. Tiempo para que las aguas bajaran, para que los expedientes perdieran fuerza, para que las circunstancias políticas cambiaran y, sobre todo, para que los problemas terminaran acomodándose a su favor.
Pero ese tiempo se acabó.
No hay señales de que Donald Trump y su círculo político estén dispuestos a bajar la presión sobre quienes desde Morena han decidido cerrar los ojos, guardar silencio y apostar a que el problema desaparezca por sí solo.
Por el contrario, el escenario apunta hacia una etapa de definiciones.
Y en esa ruta comienza a observarse el deslinde político de Rubén Rocha Moya. Primero vendrá el aislamiento, después el abandono de quienes alguna vez se declararon sus aliados y, finalmente, el gobernador podría convertirse en un personaje políticamente incómodo para el propio movimiento que lo llevó al poder.
El desmoronamiento de Morena puede acelerarse conforme se aproximen las elecciones de 2027. El partido tendrá que cargar con sus adversarios tradicionales, el desgaste provocado por sus propias divisiones, por los cuestionamientos sobre sus gobiernos y por las acusaciones de la oposición que lo presenta como un “narco partido”.
La acusación es políticamente demoledora.
La presión proveniente de Estados Unidos tampoco puede ser tomada a la ligera.
Si Washington decide profundizar investigaciones y fincar responsabilidades, el problema dejará de ser exclusivamente mexicano y se convertirá en una tormenta internacional para el morenismo.
No habrá discurso presidencial, declaración partidista ni operación política capaz de contener el vendaval.
La Cuarta Transformación apostó a que el tiempo resolvería sus problemas.
El tiempo, sin embargo, parece estar haciendo exactamente lo contrario.
Está exhibiendo las grietas. Y cuando las grietas aparecen en el poder, nadie sabe con precisión dónde terminará el derrumbe.







