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Ya no tiene sentido enfrascarnos en la discusión interminable sobre quiénes son y qué representan los dirigentes del movimiento político encabezado por Andrés Manuel López Obrador. Tampoco sirve desgastarnos intentando desmontar, argumento por argumento, la narrativa ideológica de Morena. Esa batalla está suficientemente documentada.

 

La discusión que importa ahora es otra: ¿qué vamos a hacer los ciudadanos frente al poder que se ha construido alrededor de ese proyecto político?

 

Las vías institucionales de lucha son pocas. El margen de acción, reducido. Y, sin embargo, la esperanza sigue siendo grande: la de despertar la conciencia de millones de mexicanos que todavía creemos que el país puede corregir el rumbo.

 

Por eso 2026 debe entenderse como un parteaguas.

 

No porque una elección vaya a resolver, por sí sola, los problemas acumulados durante años. Tampoco porque exista la ilusión de que México recuperará de inmediato lo perdido. La ganancia, incluso en el mejor escenario, puede ser modesta: recuperar algunos contrapesos, poner obstáculos a determinados grupos de poder, fortalecer las instituciones y, desde nuestras trincheras ciudadanas, capotear lo que venga.

 

El cónclave de la Condesa parece condensar la derrota de la retórica morenista: los que llegaron prometiendo acabar con las élites terminaron construyendo sus propias élites; quienes denunciaban los privilegios terminaron rodeados de ellos; quienes hablaban de austeridad terminaron exhibiendo, al menos en estas imágenes, un estilo de vida muy distante del discurso con el que conquistaron a millones.

 

Precisamente, por eso ya no es tiempo de seguir discutiendo con quienes han hecho de la ideología un muro contra cualquier cuestionamiento. Es tiempo de que los ciudadanos dejemos de ser espectadores, recuperemos nuestra capacidad de organización y entendamos que 2026 no será solamente una elección: será la oportunidad de empezar a recuperar los contrapesos, la dignidad de las instituciones y la idea elemental de que ningún partido, ningún movimiento y ningún grupo de poder está por encima de México.